Desde hace dos décadas y en mi diario transitar, voy encontrando naipes en las calles, en la basura, la playa, en las veredas, también en los estacionamientos de automóviles, inclusive los he encontrado flotando en un arroyo. Los encuentro (o me encuentran ellos a mi) y los guardo con la inscripción de las coordenadas de tiempo y lugar. Es como encontrar un tesoro, y también un misterio.
Son naipes perdidos, librados “a su propia suerte”, descastados. Irrremediablemente surgen interrogantes: ¿Quién habrá sido el que las sostuvo y perdió? ¿Qué historia esconderán? ¿Porqué se han perdido? ¿Quizás a propósito? O fue culpa del viento, y los jugadores no lo supieron. ¿Porqué encuentro naipes y los demás no? ¿Porqué devino en una cuestión importante para mi? Cuando encuentro un naipe, a pesar de estar roto o quemado o sucio, no puedo dejar de apropiármelo, además me resulta más interesante y atractivo. Justamente su belleza reside en la particularidad y en el misterio de su procedencia. Se han transformado en algo único, marcados por sus cicatrices y arrugas, transformándose en objetos sensuales, irregulares, en marcada oposición a cómo fueron creados: homogéneos, sin ningún tipo de marca que pueda revelar su identidad.
Están fuera de juego, no pueden cumplir con su cometido, fueron abandonadas, ya no pertenecen.
Están fuera de juego, no pueden cumplir con su cometido, fueron abandonadas, ya no pertenecen.
Pero el hecho de recogerlos, clasificarlos y luego re-crearlos artísticamente (pintura, xilografía, litografía) tiene el poder de devolverle una existencia, un ser, aunque distinto. Dejaron de ser objetos anónimos, ya llevan otro significado porque pertenecen a otro mundo.
Por otro lado habrá muchos juegos de naipes – a los que pertenecen los naipes encontrados – que no sirven más. También han dejado de tener su razón de ser, no es adecuado jugar con un mazo incompleto, aunque es posible.
Hasta ese momento de mis encuentros azarosos con los naipes, estaba interesada en ellos solamente como objetos.
En diciembre de 2001 Argentina sufrió la eclosión de una terrible crisis económico-social que expulsó a miles de ciudadanos fuera del sistema productivo y social. El paisaje urbano de Buenos Aires y de muchas otras ciudades del país cambió radicalmente: surgieron los “sin techo”, personas que habían perdido su hogar, familia, trabajo, y vivían en bancos de plazas, bajo puentes. Eran los “bancarizados”, título irónico de una serie de pinturas sobre los desplazados. Comprendí la metáfora: naipes perdidos, abandonados = hombres, mujeres y niños desplazados, “descastados” de una sociedad que no los veía.
A la dolorosa pregunta de porqué algunas personas tienen como destino vivir en las calles y plazas, y otras no, encontré una respuesta en los naipes, y en una frase atribuida a J. Nehru:
“La vida es como una partida de naipes:
las cartas que te dan, depende de la suerte (determinismo),
pero la forma en que juegas
depende de ti (libre albedrío).
A medida que seguía encontrando naipes creció el interés por los símbolos y el significado de los números. Participé en diversos talleres y cursos de numerología y tarot, mientras comenzaba un nuevo capítulo de mi quehacer artístico, al realizar mi obra en el taller del Centro de Edición de Buenos Aires, principalmente en litografía.
Con el correr del tiempo, mis familiares, amigos y conocidos, sabiendo de mi colección, comenzaron a encontrar y entregarme los naipes abandonados, y decidí anotar su nombre sobre cada uno de ellos, además de las coordenadas tiempo/lugar. Era una manera de darle otro significado, otra pertenencia, intervenir el frente del naipe y abrir la posibilidad para un proyecto futuro.
Mientras mi colección se agrandaba, y en un momento puntual, caí en la cuenta que había más naipes encontrados del TRES y del SIETE que de cualquier otro. En el Tarot, el numero TRES simboliza la creación, la realización, la Trinidad , es el primer número real para los pitagóricos, por lo tanto decidí trabajar sobre ese número.
Con el dorso de los naipes encontrados desarrollé otra parte de mis trabajos litográficos. Los diseños y colores son variables, comenzando por las clásicas rayas cruzadas azules y rojas de las barajas españolas, y siguiendo por texturas, dibujos, fotografías, paisajes y publicidades de todo tipo.
En mis trabajos recreo el azar por medio de collage de trozos de diseños ampliados de los dorsos, formando una especie de rompecabezas. La profunda tinta negra de la litografía tiene el poder de mostrar con mayor intensidad los bellísimos diseños y texturas de los dorsos, que cualquier otro tratamiento de color. Es desde otro lugar que le otorgo nuevo significado a los naipes encontrados, por medio del azar, los grafismos, los símbolos y el papel.
Y quizás tenga razón Sting al decir que:
…”baraja los naipes para encontrar la respuesta,
la sagrada geometría del azar,
la oculta ley del probable resultado,
los números bailan una danza…”








